11/02/06

PAJARITO DE MI CORAZÓN

Un día cualquiera. 7:45 de la mañana. Dentro del coche camino del trabajo circulando por el carril derecho de la autopista por encima del límite de velocidad permitido por la Dirección General de Tráfico. Llego tarde. Como siempre.

De repente, aparece por mi derecha un pajarillo. Parece que quiera cruzar la C-32 haciendo un vuelo rasante, pero duda y vuelve, metiéndose entre las ruedas de mi coche. En unas fracciones de segundo razono lo siguiente: si lo intento esquivar, lo más probable es que lo pise con alguna de las ruedas y que me coma el posible coche que pueda estar pasando en ese momento por mi izquierda. Así que dejo que se meta por debajo del coche, entre las ruedas. El ruido que oigo a él lo ha matado pero a mí me duele en alguna parte del alma.

Éste día no es igual a los otros. Entre las inevitables y necesarias rutinas del trabajo (de cualquier trabajo) se cuelan pensamientos extraños, medio de culpa y medio de pena. Hoy toca Figueres. El compañero baja del coche para ir a mirar algo. Mientras yo me quedo en el coche, en el mismo asiento del conductor y en el mismo coche que hace un par de horas a 100 kilómetros de allí he usado para matar a un pobre e indefenso pajarito. Un pajarito igualito al que veo revoloteando inquieto cerca del coche. Y aquí viene lo más extraño: vuela hasta la ventanilla de mi lado y, suspendido en el aire, toca dos veces con su pico el cristal.

Yo me quedo alucinando, no puede ser. Lo comento con el compañero, no sabe qué decir. Lo comento con todo el mundo, escucho comentarios jocosos tipo: “el pajarito fantasma ataca de nuevo”. Lo comento con la persona que de vez en cuando me corta el pelo en su casa, se queda pensativa y me cuenta experiencias místicas vividas por ella misma (halos brillantes de individuos desconocidos y su cuerpo medio flotando en el aire.)

Suerte que mi bandera es la ciencia. Me acabo convenciendo de que la sangre del otro bicho le ha despertado el interés. Pero... ¿tenia que picotear la ventanilla, y además a un palmo de mi cara? Si algún día lees esto, pajarito mío, espero que me puedas perdonar. Descansa en paz.

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